lunes, 4 de mayo de 2020

EDUCACIÓN EMOCIONAL


¿Qué es?

La educación emocional se puede describir según Bisquerra (2000) “como un proceso educativo, continuo y permanente, que está presente durante todo el ciclo vital”.

Según Lucas Malaisi la Educación Emocional es “el proceso de enseñanza de las habilidades emocionales mediante el acompañamiento y apuntalamiento de la persona en el ejercicio y perfeccionamiento de las mismas”.

Por lo tanto, la educación emocional:
ü  Es un proceso porque implica por un lado un tiempo (toda la vida, y no un día) y por otro lado, cambios, que son progresivos en la adquisición de dichas habilidades.
ü  Es una enseñanza, dado que se basa en la transmisión de conocimientos y la corrección de lo erróneo (comportamientos agresivos, impulsivos o desadaptativos en general).

Fomentando la educación emocional, se trabaja en la inteligencia emocional de cada individuo




¿Inteligencia emocional o educación emocional?

Las emociones son muy importantes en el desarrollo de los individuos y por eso se hace necesario que formen parte de la educación. Pero educar emocionalmente, de forma integral, no es un reto fácil. Por eso es muy importante que los adultos también tengan una buena formación y situación emocional.

Cuando se entra en el mundo del trabajo emocional, se encuentran dos conceptos muy similares, pero con pequeños matices. Estos dos conceptos son: la inteligencia emocional y la educación emocional.

Se considera que uno de los primeros autores en hablar de inteligencia emocional, fueron Salovey y Mayer en 1990 que describieron la inteligencia emocional “como la habilidad para manejar los sentimientos y emociones, discriminar entre ellos y utilizar estos conocimientos para dirigir los propios pensamientos y acciones”.


Según estos autores la inteligencia se estructura en 4 bloques (Bisquerra, 2012):

1)  Percepción emocional: Las emociones son percibidas, identificadas y valoradas. Tanto las de uno mismo como las de los demás.

2) Facilitación emocional del pensamiento: Las emociones sentidas se hacen conscientes y esto hace que se tenga información importante de estas emociones.

3)  Comprensión emocional: Consiste en comprender y analizar las emociones, y sus transiciones. Esto implica saber nombrar las emociones y reconocer su relación.

4)  Regulación emocional: Es el control de las emociones, incluyendo la habilidad de saber distanciarse de una emoción y/o de mitigar su efecto. También incluye la habilidad para regular las emociones de uno mismo y de los otros.


Daniel Goleman, años después quien tuvo un gran éxito con su libro de Inteligencia emocional (1995), fue quien produjo un gran movimiento acerca de la inteligencia emocional que hizo más visible su importancia. Para él, abarca cinco competencias básicas (Goleman, 1999):

1) El conocimiento de las propias emociones: La capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece.

2)  La capacidad de controlar las emociones: La conciencia que tiene uno mismo de él y sus emociones es una habilidad básica que permite controlar los propios sentimientos y adecuarlos al momento.

3)  La capacidad de motivarse uno mismo: Consiste en el autocontrol de la vida emocional y la subordinación a un objetivo para poder mantener la atención, motivación y creatividad.

4) El reconocimiento de las emociones ajenas: Es la capacidad empática, de sintonizar con las señales que indican lo que necesitan o qué quieren los demás.

5)  El control de las relaciones: Es la habilidad para relacionarse con los otros, a través de relacionarse adecuadamente con las emociones ajenas.

Analizando las definiciones que estos dos autores hacen de la inteligencia emocional, con formas de enfocarlas diferentes como muchos otros autores que las definen, tienen una base común. Se puede concluir que la inteligencia emocional consiste, en conocer las propias emociones y saberlas gestionar.


ENTONCES!!!
ü  Por habilidades emocionales entendemos los cinco ejes constitutivos de la Inteligencia Emocional

ü  En cuanto al acompañamiento, hace referencia a otro humano que está junto a quien aprende, compartiendo un cierto período de tiempo (no un libro ni un transeúnte); esta es la función del docente, padre, madre, abuelo, etc.

ü  Por el término ejercicio hace referencia a la importancia de que la persona practique y ejercite tales aprendizajes.

ü  Por último, la palabra perfeccionamiento hace referencia a la mejora continua de las habilidades emocionales mediante su ejercicio por parte de la persona y el apuntalamiento del educador.

Perfeccionamiento que no tiene fin, puesto que tal enseñanza puede realizarse a lo largo de toda la vida. Sin embargo, de niños es cuando más receptivos somos, por lo tanto, es cuando más efectiva es tal educación.


Algunos de los objetivos emocionales que nos podemos plantear, según Bisquerra (2012, pp27-28) son:

      Adquirir un mejor conocimiento de las propias emociones.
      Identificar las emociones de los demás.
      Denominar a las emociones correctamente.
      Desarrollar la habilidad para regular las propias emociones.
      Subir el umbral de tolerancia a la frustración.
      Prevenir los efectos nocivos de las emociones negativas.
      Desarrollar la habilidad para generar emociones positivas
      Desarrollar la habilidad de automotivarse
      Adoptar una actitud positiva ante la vida
      Aprender a fluir en la vida


Todos estos objetivos de educación emocional se pueden adaptar en función de la edad, las características personales, el estado de madurez, el contexto, etc. Es decir, según quien sea el destinatario de la educación emocional se van a redefinir los objetivos.

Para ello también debemos seguir una metodología, principalmente práctica (juegos, dinámicas de grupo, relajación, etc.). Esto es debido a que con el saber (información de las emociones) no es suficiente, se tiene que saber hacer, saber ser, saber estar y saber convivir.

Para concluir con los objetivos de la educación emocional, se puede afirmar que “las aplicaciones de la educación emocional se pueden dejar sentir en múltiples situaciones de la vida”:

ü  comunicación efectiva y afectiva

ü  resolución de conflictos

ü  toma de decisiones, prevención inespecífica (consumo de drogas, sida, violencia, anorexia, intentos de suicidio), etc.

En último término se trata de desarrollar la autoestima, con expectativas realistas sobre sí mismo, desarrollar la capacidad de fluir y la capacidad de adoptar una actitud positiva ante la vida. Todo ello de cara a posibilitar un mayor bienestar emocional, que redunda en un mayor bienestar social.” (Bisquerra y Pérez, 2012, p.2)

Estos objetivos se pueden trabajar junto con las cinco competencias que propone el modelo del GROP (Grupo de Recerca en Orientación Psicopedagógica) de la Universidad de Barcelona descrito para Bisquerra en 2008 (Bisquerra y Pérez 2012). Las cinco competencias son:

ü  Conciencia emocional: consiste en conocer las propias emociones y las de los demás. Se consigue a través de la observación, tanto autoobservación como observando a los demás. Se tiene que utilizar el lenguaje emocional verbal y no verbal de forma adecuada.

ü  Regulación emocional: dar una respuesta apropiada a las emociones que se experimentan, sin descontrolarse ni reprimirse. Para una buena regulación emocional son importantes las habilidades de la tolerancia a la frustración, el manejo de la ira, la capacidad para retrasar gratificaciones y el desarrollo de la empatía.

ü  Autonomía emocional: equilibrio entre la dependencia emocional y la desvinculación. Esto supone no verse seriamente afectado por los estímulos del entorno. Para ello es necesario tener una sana autoestima, autoconfianza, percepción de autoeficacia, automotivación y responsabilidad.

ü Habilidad social: son las actitudes que facilitan las relaciones interpersonales. Algunas de estas actitudes son la escucha y la capacidad de empatía.

ü  Competencias para la vida y el bienestar: son un conjunto de habilidades, actitudes y valores que promueven la construcción del bienestar social y personal. Estas actitudes tienen que ser positivas si se quiere un entorno emocional positivo.


Tanto los objetivos como las competencias, se tienen que trabajar con una visión integradora, holística y globalizada. Ya que los niños en la edad de infantil, trabajan las áreas de forma globalizada.

Experimentar emociones es natural, no es algo ni malo ni bueno, pero nuestras emociones suelen tomar el control. La educación emocional permite desarrollar habilidades para la gestión emocional y de este modo controlarse uno mismo, antes de que sean las emociones las que nos controlen.

Por supuesto a esto, los padres deben añadir una interacción respetuosa y amorosa, porque son el ejemplo y el espejo en el que se miran los hijos. Por eso es importante empezar por uno mismo y trabajar nuestras emociones y habilidades (sociales, personales y emocionales), para luego poder ayudar a los niños a trabajar las suyas.

No siempre es fácil identificar lo que sentimos. Muchas emociones se mezclan, otras veces tendemos a ocultarlas y no nos percatamos de lo que realmente estamos sintiendo aunque esa emoción nos esté controlando. Enseñamos a los niños y niñas a pensar y a actuar, a decidir, pero nos olvidamos de enseñarles a sentir……Si no les enseñamos a sentir, esas emociones afectarán a su pensamiento, actos, y decisiones….


Es imprescindible prestar atención a la educación emocional de los niños y niñas. 

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